En el marco de la Feria de Ciencias 2012 de la
Región 7, realizada en la Escuela de Comercio 15 Abraham Lincoln, el Taller de
Periodismo del Colegio 19 se presentó con un importante contingente de alumnos
para el armado de un estudio de TV donde realizaron varias grabaciones en vivo.
Así, como un canal de TV se armaron debates sobre la toma de los colegios y la
reforma curricular que impulsa el gobierno de Macri con estudiantes de varios
colegios, una clase del taller de periodismo donde se debatió entre los alumnos
la actual situación educativa, un debate sobre el fútbol argentino y la
cobertura de la muestra escolar presentada por el colegio 19 con notas a
docentes y alumnos, en un evento escolar que se llevó a cabo el 27 de Septiembre de 2012.
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La Feria de Ciencias de la Región se realizó en la Escuela de Comercio 15 con una importante participación del Taller de Periodismo
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La Clase del Taller de Periodismo del 26 de Agosto de 2011
La Clase del Taller de Periodismo del 26 de Agosto de 2011 dedicada a la producción de textos en forma grupal, para la realización de audiovisuales del taller.
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La Clase del Taller de Periodismo: 25 de Agosto de 2011
La Clase del Taller de Periodismo del 25 de Agosto de 2011: se trabajó en la discusión y el debate sobre cuestiones vinculadas con la discriminación, las adicciones y la educación para el armado de guiones periodísticos.
La Clase del Taller de Periodismo: 12 de Agosto de 2011
La Clase del Taller de Periodismo del 12 de Agosto de 2011, dedicada a la labor de producción grupal de guiones sobre cuestiones vinculadas con la discriminación, el medio ambiente y las adicciones.
En Villa Real se realizó un acto sobre Salud y Educación en la Ciudad (2008)
La Clase del Taller de Periodismo del 11 de Octubre de 2007
Primera experiencia audiovisual del Taller en el Colegio 19: bulimia y anorexia (2007)
"Cuando la realidad es otra"
Chicas jóvenes, aunque también afecta a los varones. No es cierto que sea propiedad de la mujer. Tienen un alto nivel de exigencia para consigo mismo, son sobreadaptados, cumplen con las exigencias del ambiente porque cumplen las demandas que se les pide. Y cumplen con creces. Es gente que le va muy bien en el colegio -en la mayoría de las veces-. Si están trabajando, les va muy bien. La bulimia y la anorexia van de la mano con las apariencias que siempre engañan. Una de esas chicas se llama Carla. Es una historia real.
ESCENA 1
ESCENA 1
Ella cuenta una y otra vez las moneditas de diez centavos y le pide una máquina al flacucho que la atiende, al escuálido que come una factura y que con tanta gracia deja caer el dulce de leche por las comisuras de la boca. Se le hace un nudo en el estómago. Piensa y no entiende. Lo piensa de vuelta y le saca de quicio, “¡qué injusto es el mundo!”. Montañas rusas en su estómago otra vez por nervios o por el dolor que le inflige el recuerdo, desprecio gratuito que él le tiró así de libre, así en su estado puro sin molestarse en esconderlo, en su estado natural para que ella lo sintiera y se avergonzara de su cuerpo. Quizás solo le duele en el estómago por el día y medio que lleva sin comer, pero la palabra “gordura” se le retuerce en el cerebro mientras camina hacia la máquina dos, como le indicaron.
Se conecta. Miles de personas se abren y ella se vierte en la información como si quisiera absorberla, retenerla y no dejarla ir. Claro, sin engordar un gramo. Entra a un fotolog que parece ser muy popular, la dueña exhibe su cuerpo y publica dietas, consejos, tips como le llaman ahora. Muchas adeptas le firman agradeciéndole, aconsejandole, elogiándola. La escena se debate entre lo bizarro y lo decadente, parece un club de fans, una mole de pobres chicas que no tienen más que la aprobación ajena. Pero no importa, sin dudarlo ella agrega al msn a la dueña del circo. Necesita ayuda. Está conectada y empiezan a hablar.
-Carla: Disculpá que te agregué así de tu fotolog.
-Claudia: ¡Está bien, pasa siempre!
-Carla: Pensé que podrías ayudarme con mi problema. Con mi gordura.
-Claudia: Puedo ayudarte, como ayudo a las demás publicando las dietas y métodos.
-Carla: Eso está bien, pero, ¿cómo no comer? Las ganas no me las quita nadie.
-Claudia: No se trata de no tener hambre sino de entender que querés otra cosa, que la comida te infecta, que vos podés ser más pura que los demás. Esto es un estilo de vida.
-Carla: ¿Cómo me saco el hambre?
-Claudia: Así. Entendiendo que no querés comer. Avergonzándote de lo que sos, comiendo frente a un espejo hasta que te de asco y quieras vomitarlo todo. Viene con el tiempo todo este sentimiento, por ahora hacé dietas y pensalo.
Son las 2 de la mañana. No se puede dormir aunque esté cansadísima, mientras su casa se hunde en el silencio de la noche. Desea arrasar con la heladera. Pero no. No quiere comer. Piensa.
Pasados unos días siguió la historia. La escuela, su chico, le dieron que pensar. ¿Cómo se podría controlar? ¿Cómo se podría prestar más atención? ¿Cómo podría ser aceptada por los “flacuchos” de los amigos de su novio? Ella pensaba, “ellos, tan superficiales, tenían razón que estaba gorda”. Otro día, aprovechando la licencia de la profesora de gimnasia va y se conectó de vuelta. El flaco escuálido la atendió con sus facturas y el mate de siempre, infectándose y acumulando grasa en su cuerpo. Está ansiosa por hablar con su amiga, por decirle qué bien se está controlando, por contarle de asco que se da a sí misma. Lo hace, pero esta vez también averigua sobre su consejera que está metida en la batalla hace tres años y medio, pero que no se arrepiente de nada. Piensa, “el dolor va a ser recompensado, que los buenos van al cielo, los malos al infierno y los puros al paraíso”. Mientras seguían hablando sobre otras cuestiones como las dietas, Carla comprendía que a partir de ahora la batalla contra su cuerpo iba a ser feroz.
ESCENA 2
Arreglaron para verse, aunque quizá suene como un acto de caridad, está realmente emocionada. Es la única persona en este momento que la entendía, se sentía desilusionada de sus amigas, de la falta de contención sólo Claudia la comprendía.
Se bajó del 152 y estaba ella esperándola. No sabía si sonreír o hacerse la desentendida, estaba nerviosa. Corrió a su encuentro, se saludaron y hablaron de sus estudios. Claudia ya terminó el secundario, estudiará hotelería. También le contó que no tenía hermanos. Llegaron a su casa, ésta le pareció un paraíso, con todas las comodidades que un adolescente soñara. Sentía que había entrado en otro mundo, ya que nunca había visto un blanco tan radiante como los de aquellos muebles pequeños. En una pared -donde colgaban los retratos de la familia- notó las numerosas fotografías de Claudia con la bandera, con copas y medallas de las competencias ganadas, con su diploma de honor. Ella parecía destacarse y tener éxito en todo lo que emprendía. Más que nunca pensaba que era ella la indicada para ayudarla con su gordura. “Sentate, ponete cómoda”, le dijo Claudia indicándole un sillón nuevo y mullido.
“Ya vengo, voy a buscar algo”, acotó y partió por un pasillo hacia unas escaleras. Carla escuchaba el ruido del viento golpeando suavemente los árboles del gigantesco parque que veía por la ventana. “Este es mi mayor tesoro”, irrumpió Claudia mientras bajaba de las escaleras. Traía consigo una caja forrada con fotos de modelos, la apoyó en una mesa cercana al sillón junto a dos vasos con Coca light. “Para no ser descortés” le dijo y abrió la caja. Carla, a pesar del entusiasmo y la esperanza de comenzar a recorrer un nuevo camino sintió el frío beso del miedo en su espalda. Se preguntó cómo fue que se encontraba en la casa de alguien con la que habló sólo un par de veces, como si se hubiera caído de un precipicio.
ESCENA 3
Mientras tanto, Claudia intentaba recorrer la mirada de su nueva amiga. Con tal de adivinar qué pensamiento se adueñaba de su cabecita. El timbre interrumpió la duda y le impidió interrogarla. “¡Qué raro! ¡Nunca viene nadie! dijo y se marchó hacia la puerta dejándola a Carla con su tesoro personal. La pequeña aprendiz no pudo evitar aburrirse pasados unos minutos. Revolviendo las fotos, los metros y los laxantes, encontró un diario íntimo. No pudo negarse a la tentación de nadar en algunas pocas palabras. Leyó lo siguiente. “Mi querido diario. Un día más sin ser quién soy. Pero, ¿yo, quién es yo? Hoy es la del corazón”.
Prosiguió con la lectura del diario de su amiga. “Yo no tengo madre, no la conocí lo suficiente para recordarla. La odio por haber muerto, por haberme privado de cariño y compañía. Y mi padre… pobre. Me abrió las puertas a un mundo de lujo, de fiestas, ropa. Sólo colma la culpa que siente por no saber qué hacer conmigo, no está nunca… Seguramente fue igual con mamá. No tengo a quien recurrir. No quiero espantar a mi novio con todo esto, ni pinchar la burbuja de la felicidad en la que viven mis amigas. Soy capaz de muchas cosas que no querrán saber. ¿Qué hago? Nada. Tiempo invertido en estudio, excelentes notas, cursos varios, simpatía extrema. Eso es nada y me odio, lo cierto es que me acostumbré a no querer comer. Voy a ser perfecta y si duele a nadie le importa”.
Las cosas le pasaron rápido en la vida. La anorexia y la bulimia dejaron de ser una novedad, muchas cosas no pudo entender. Enfermedades que pasaron a ser parte de su vida y un medio para diferenciarse. En un primer momento fue un grito de ayuda, pero luego se convirtió en un hueco cómodo desde donde mirar la vida. Un vicio, una forma de ser. Su única seguridad de sujetarse a la vida, la única afirmación entre las imágenes que pululan en su cabeza. Ella (Carla) escuchó la puerta y escondió el diario de su amiga Claudia con vergüenza. “Otra sobre papá, él sí que se la pasa ocupado”, dijo escondiendo una lágrima.
ESCENA 4
Habiendo ya pasado toda una tarde con la joven Claudia, el reloj le indicó que ya era hora de volver. La acompañó hasta la parada, llegó el 152 y se despidieron con un dejo de tristeza. Luego de haber cenado los ñoquis de su mamá con toda la familia que estaba de visita, pensó que cada bocado fue una piedra que agarró el peso de la culpa. Culpa que la condujo al baño, donde entre lágrimas y desesperación pensó en todas sus amigas, su novio, su familia, quienes jamás comprenderían lo que ella estaba pasando. Frente al frío de los azulejos y la soledad, repentinamente se dio cuenta que ya había vomitado.
ESCENA 5
Desde aquella noche ya han pasado dos meses. Carla siguió viendo a su amiga, a pesar de que Claudia se conectara cada vez menos. La última vez estaba pálida, con ojeras. La ropa le quedaba muy holgada y su humor estaba cambiado. Ante esto, la amiga (Carla) comenzaba a preocuparse por la suerte de su compinche, “¿por qué pasaba esto, tantos cambios?, pensaba en voz alta. Un día se levantó con la idea de visitar a Claudia, pues su ausencia se había vuelto cotidiana y eso -en esas circunstancias- no era muy alentador. “¿Era por ella, había hecho algo mal?”, se interrogaba. Decidida a encontrar una respuesta, una tarde se tomó el 152 sin ningún aviso porque sabía que la amiga iba a estar en su casa.
Una vez, habiéndose bajado del colectivo y a casi dos cuadras de la casa de Claudia, escuchó el ulular de sirenas. Siguió caminando. Dio unos pasos y vio a una ambulancia estacionada en un garage. Carla pensó que quizá al acercarse se daría cuenta que era para algún viejo vecino… pero no tuvo tanta suerte. Llegó y por una fracción de segundo se paralizó totalmente, luego se incorporó en la escena y vio como trasladaban a su amiga en una camilla hacia el vehículo. Antes que arrancara le preguntó al enfermero a qué hospital se dirigían. La ambulancia se marchó y Carla se quedó con el corazón en la boca. No dudó en ir a verla, no era lejos. Cuando llegó al hospital vio al padre hablando por el celular, se acordó del diario de Claudia en relación a la poca presencia del padre en su vida.
Con tantos pensamientos en la cabeza, la joven ni se dio cuenta que estaba en el hospital. Aturdida y apurada siguió las indicaciones de los empleados hasta encontrar la habitación. La vio desde la cerradura. La puerta se abrió y de allí salió el médico. No le permitieron verla. Ella estaba desesperada, se sentó en el suelo intentando descifrar cómo es que a alguien tan genial le puede pasar algo tan fuerte. Mientras tanto, el médico se encontraba con el padre a unos metros de ella. Su sollozo le impidió oír con claridad, sólo alcanzó a escuchar las palabras “bulimia”, “anorexia”, “corazón”, “huesos”. Se estremeció. Evitó creer que había escuchado “cáncer”. Vio al padre de Claudia golpear una pared con una leve lágrima brotando de su ojo. No se animó a saludarlo ni a decirle nada, “¿cómo puede ser que esté así si nunca había cuidado de su hija”.
Ya en su casa notó que no había nadie, tan sólo un plato cubierto con un repasador sobre la mesa, y una nota que decía “Carla, nos fuimos a lo de la abuela y vamos a tardar, te preparé milanesas, espero que te gusten”. Esta vez no pensó en lo mucho que quería adelgazar, ni en princesas, ni en fotos, ni metros. Por primera vez en mucho tiempo, se sentó en la mesa sin la sensación de querer abandonarla. Pensando en su madre comió un poco de lo que había dejado, pero pensando en Claudia se puso a llorar: “Mamá, necesito ayuda” gritó por teléfono y esperó.
El Taller de Periodismo conversó con la profesora Elena Maccari sobre bulimia y anorexia (2007)
Pablo: Más que nada, ¿cuál es el perfil de estas chicas, o cómo es que psicológicamente pueden llegar a caer en estas enfermedades?
Maccari: ¿Te referís al perfil psicológico o a la historia? Porque en cuanto a la historia de estas personas, hay distintas teorías. En cuanto al perfil, por lo general, son chicas -también existen varones, es mentira que sólo es propiedad de la mujer- con un alto nivel de exigencia para consigo mismos, son sobreadaptados, cumplen con las exigencias del ambiente y a no ser por esto, la familia o el núcleo en el que viven están como contentos porque con las demandas que se les pide, cumplen. Y cumplen con creces. Es gente que le va muy bien en el colegio o la mayoría de ellos. Y si están trabajando les va muy bien.
Pablo: ¿Y cómo se relacionan ellos con lo que es su entorno? ¿Cómo hacen psicológicamente para aguantarse todo eso y a su vez que no se note?
Maccari: Se nota si la gente entiende algo de esto. Si la gente no entiende, hasta que no aparece el conflicto manifiesto, no se dan cuenta. ¿Cómo lo logran? Desconectándose de lo que sienten realmente, por eso hay problemas con el cuerpo, porque el cuerpo es la caja de resonancia que indica qué te está pasando a vos en tu interioridad. Hay una distorsión del esquema corporal. La persona quiere hacer de sí misma algo que no es. O para serlo, tendría que trabajar con elementos que no reconoce. Hay una disociación grande, sobre todo en lo corporal, una distancia muy grande entre la imagen ideal y la imagen de sí. Lo que es está muy lejos de lo que quiere ser, pero a diferencia de otras patologías, han logrado que con su conducta se parezca mucho al ideal que tienen. O sea que encarnan el ideal sin tener en cuenta o negando, reprimiendo, quiénes realmente son y qué está pasando.
Pablo: Por eso también les cuesta tanto aceptar ayuda.
Maccari: Seguro. Han logrado manejarse a sí mismas/os de modo tal de cumplir con las exigencias de ese ideal, un ideal que viene desde afuera.
Ana: Muchas veces estos trastornos alimenticios están acompañados de automutilaciones...
Maccari: La automutilación es la consecuencia de la no aceptación de lo que son. Y ojo con esto de que son las chicas nada más. Pega más en la población femenina, pero también los varones padecen esto. Es como si la persona no aceptando lo que realmente sucede, se separa de eso y trata de cumplir con un ideal que para encarnarlo, tiene que sacar de sí, mutilar, cortar y dejar de lado aspectos de sí misma.
Mariana: Ya no hablando de adolescentes... ¿Por qué una nena de ocho, nueve años, termina en lo mismo?
Maccari: Tiene que ver con las exigencias del medio y cómo la persona toma esas exigencias. Cuánto lugar hay en ese núcleo para la manifestación de lo que gente es, no de lo que la gente debería ser. Hay gente que se rebela, hay gente que se adapta. El inadaptado o el sobreadaptado... Las personas que padecen este tipo de trastornos son sobreadaptados. Llega un momento en el que se manifiesta la enfermedad, entonces vas a tener declarada la anorexia, la baja de peso, el consumo de músculos, problemas cardíacos, el disloque del sistema hormonal... Eso es en las últimas instancias. Y hay una imagen corporal que se adecua al ideal, en vez de al cuerpo que tengo.
Pablo: Entonces, hasta que no logro ese ideal, voy a seguir...
Maccari: O mejor dicho... Es una imagen corporal que está mucho más lejos del ideal de lo que en realidad está. El anoréxico se ve a su mismo mucho más gordo de lo que en realidad es, entonces cuando se juzga está continuamente en vías de enflaquecer el cuerpo, que de por sí está flaco pero no lo ve. No se registra flaco, por eso se trabaja mucho con espejos.
Pablo: ¿Cómo se puede ayudar a estas personas?
Maccari: Hay que hacer un tratamiento muy profundo.
Ana: ¿Y los allegados?
Maccari: Bajando el nivel de exigencias desde ya.
Micaela: ¿Cómo se logra que puedan asimilar su cuerpo, como algo propio?
Maccari: Muchas fotos, muchos espejos. Posibilidades de que la persona pueda verse objetivada, que le muestren una imagen de lo que es. Y que pueda manifestar el deseo... Una de las interpretaciones psicoanalíticas de la anorexia, es que fueron chicos que tanto se les dio de comer, no lo que querían comer sino el que daba de comer quería que comiera, que en un momento se diferencian se llenan comiendo nada. “Quiero nada. Me saturás tanto con esto, esto, esto, y lo otro, que no hay lugar. Es tanta la saturación de lo que me estás dando que no hay lugar para la falta, que no quiero nada, precisamente para encontrar un lugar propio”.
Mariana: ¿Y en el caso de la bulimia?
Maccari: También. Hay grandes trastornos en la relación con la madre, tanto en la bulimia como en la anorexia. En general, en los problemas alimenticios hay trastornos en el vínculo con el que ocupó la función materna.
Micaela: ¿Cómo se hace para poder restituir esa relación o recomponerla?
Maccari: Hay un tema social porque la delgadez tiene que ver con la década del 60, donde se impone al otro determinado cuerpo, entonces hay que adaptarlo al modelo de belleza. Pero, ahora los medios de comunicación demuestran constantemente el cuerpo que deberías tener continuamente en la televisión, afiches. En algunas personas con una necesidad de adaptación muy grande, una necesidad de amor muy grande, de adaptarse a lo que el otro le está pidiendo. Cuando vos te sentís amado y querido, y realmente te sabés amado y querido, no pasa nada con que algún día no cumplas con alguna exigencia del otro, porque sabés que eso no pone en peligro el amor que el otro te tiene.
Mariana: ¿Qué diferencia hay entre el adolescente que se cuida con la comida y hace ejercicio, con el que termina cayendo en las enfermedades?
Maccari: Y, depende. La alta competencia tiene sus consecuencias. Y hay trastornos que dañan tanto el cuerpo... Es otro tipo de trastornos, es otro tipo de historia, otros vínculos. Siempre que una persona quiera y trabaje para aparentar en forma exagerada lo que no es, hay problemas con el sentirse querido. Lo cual no quiere decir que no te cuides... Una cosa es cuidarte, ir al gimnasio para tener un cuerpo lo más saludable que puedas, que después es tu instrumento, y otra cosa es la necesidad de que tu cuerpo no sea un instrumento, sea la mercancía con la cual vos te vendés al otro y el instrumento mediante el cual el otro te toma, o no te toma. ¿Por qué “cuerpo”? ¿Qué pasa con lo que hay adentro?
Ana: Sobre las personas con exceso de peso, pero extremo. A veces hay trastornos psíquicos...
Maccari: Hay toda una teoría que sostiene que el obeso se protege del ambiente, del daño que otros le puedan hacer. O del otro que lo toma -sobre todo hay trastornos con la sexualidad-. No hablo del “gordito social”, hablo del que tiene sobrepeso. Si estoy pesando cien kilos, no puedo manejar mi cuerpo, mi cuerpo me deja de servir como instrumento. Hay trastornos sexuales... Te cubrís con grasa, tapás todas las características sexuales secundarias. Se deforma el cuerpo.
Entrevista a la profesora Graciela Bugallo sobre bulimia y anorexia (2007)
Claudio: ¿Qué es la anorexia? ¿Qué es la bulimia?
Bugallo: Son dos enfermedades producidas por una. En realidad, es una enfermedad por alteración psicológica; la persona anoréxica piensa que es gorda cuando en realidad no lo es, pero su esquema mental-corporal para ella es obesa aunque pese cuarenta kilos. Y la bulímica, que es más difícil de detectar, es una persona que come y siente culpa por haber comido o por haber ingerido el alimento, y lo vomita. Hace todo lo posible por vomitar. ¿Qué significa? Ponerse los dedos en la boca para vomitar, tomar alguna pastilla laxante... Es decir, una vez que comió siente culpa y lo va a querer eliminar.
Ana: ¿Qué genera el vómito?
Bugallo: Ella misma se lo provoca.
Pablo: No, ¿qué daños produce?
Bugallo: Primero en el paladar. Aunque les parezca mentira, si yo me pongo el dedo en la boca... ¿Qué va a provocar? Una vez no le va a provocar nada, pasa que la bulimia es más difícil de detectar porque es un trastorno que con el paso del tiempo (años) le va a ir provocando una modificación en el techo de la boca, o sea en el paladar y la lengua. Los dientes también.
Mariana: Más el uso de laxantes que arruina el sistema intestinal, el esófago, el esmalte de los dientes... Todo un desgaste que, con el paso del tiempo, puede producir otras cosas.
Bugallo: Claro, ustedes dirían, “pero vomitar, si yo puedo vomitar y no pasa nada...”. No, pasa que es reiterado: come y vomita, come y vomita. No es normal para una persona que coma y vomita. Es decir, para que una persona normalmente vomite tiene todo lo que está en el estómago que va hacia arriba, cuando normalmente tiene que ir hacia abajo si siguiera “el modelo”. Entonces, toda la parte muscular se ve alterada porque ella hace un esfuerzo. Cuando uno tiene que vomitar (si alguna vez les pasó eso, si tuvieron que vomitar por intoxicación varias veces), trabaja el torax, porque están haciendo un esfuerzo con el abdomen. Ustedes imagínense una persona que permanentemente hace ese movimiento. Es decir, produce una alteración.
Mariana: Más negarle al cuerpo...
Bugallo: Claro, al estómago... altera toda la estructura. Con el tiempo porque no es un día. Insisto: no es un día, son años.
Mariana: Los casos que mezclan anorexia y bulimia (o sea, dejar de comer un par de días, y después comer y vomitar)... El cuerpo, ¿cómo reacciona? ¿Con desmayos...? Es decir, llega un momento en que el cuerpo deja de sentir hambre...
Bugallo: Las personas que son anoréxicas tienen un trastorno. En ambos casos se trata de trastornos psicológicos. Pero, en el caso de la anoréxica, hasta tomando un vasito de agua está pensando lo que aporta, no hablo de una bebida dietética. ¡De un vasito de agua! Las calorías que aporta. Entonces, la tiene que tomar fría o de determinada temperatura, porque cuando consumís algo frío gastás más calorías que si tomás algo a temperatura ambiente. Ellos lo saben todo. Entonces ellas consumen, ellas viven obsesionadas con eso. Entonces, la persona no mezcla las dos, tiene etapas de anoréxica y etapas de bulímica. A lo mejor viven diez años con la enfermedad, o veinte, tienen una etapa que fueron anoréxicas y después se hicieron bulímicas. Y los trastornos son mayores todavía porque, a pesar de que son trastornos psicológicos, indudablemente hay un factor social, familiar en el medio, todo lo que lo rodea, que lo lleva a tener las dos. Hay un problema no solamente enferma ella.
Mariana: Ahora, también hay casos de nenas de nueve, diez años, que empiezan haciendo dieta.
Bugallo: ¡De menos! Yo tenía una alumna en 5to 4ta el año pasado que tenía una sobrinita de tres años anoréxica.
Mariana: Y las consecuencias que sufre son más que las de un nene...
Bugallo: ¿Qué manifiesta una nena de tres años? Ustedes dicen, “¿cómo puede ser que una nena de catorce años, que quiere ser flaquita como determinada modelo?” bueno, no es normal, pero se entiende. Una nena de cuatro años, no quiere comer. Se niega a comer, a comer, a ingerir cualquier tipo de alimento, y no come, no come, come. Y la verdad que una madre con un chiquito así, se desespera. Es peor todavía a veces... Indudablemente, es un tratamiento duro en general. Lo superó después, pero la hermana, la tía, el cuñado... Todos hicieron tratamiento psicológico.
Mariana: Ahora, además de anorexia y bulimia, aparecieron otras enfermedades como la vigorexia, en la que uno está pendiente del cuerpo consumiendo proteínas de más, haciendo ejercicio de sobra... Las consecuencias ahí, ¿cuáles serían?
Bugallo: Bueno, vos fijate que la vigorexia pasa en el hombre. El varón es el que quiere el musculito mejor y lindo, todo así. Y van al gimnasio permanentemente y están obsesionados con su cuerpo. Y el problema que les trae a los hombres, son problemas en la parte reproductiva, porque están incorporando sustancias externas al cuerpo que le altera la testosterona, le altera la virilidad, le altera incluso problemas para tener futuros hijos porque cambia la formación de espermatozoides, todo eso. Y además, por supuesto, puede provocar intoxicaciones. Hay casos en que los chicos toman sin consultar y eso es lo más riesgoso. Hay chicos muy delgaditos y los médicos les recetan productos para abrir el apetito, mejorar la musculatura... Porque también es psicológico. Ven al amiguito con un físico bárbaro cuando se saca la remera y ellos están todos flacuchos, que se les notan las costillas; psicológicamente también trae trastornos. Entonces, vos le podés dar algo pero el médico lo tiene que hacer. Hay casas. Yo acá no lo observé tanto, pero en Barcelona hay casas donde se venden libremente.
Mariana: ¿En gimnasios?
Bugallo: No, no. En negocios de ropa, negocios de shopping que venden esos productos y la ropa deportiva, las pesas... Te venden productos para aumentar la masa muscular que se puede aumentar con gimnasia y con algun tratamiento, pero siempre que el médico te lo de, vos no podés ir por tu cuenta. Eso es más en el hombre que en la mujer. Las chicas quieren ser flacas, no tanto tener la musculatura o tener como “la tabla de lavar”.
Micaela: Volviendo al caso de las chicas con anorexia, muchas comen mucho chicle para calmar las ansias.
Bugallo: Y toman mucho agua.
Ana: En realidad, les dan más hambre porque elimina los jugos gástricos...
Bugallo: Siempre hay que observar... Las chicas que siempre vienen con botellitas de agua mineral y viven tomándola... Están durante todo el año con la botellita tomando agua y eso es típico de anorexia. Viven tomando agua porque tienen hambre y no quieren comer. Toman agua fría porque saben que el frío consume las calorías que ellas imaginan que tienen. Es un problema grave que no se cura de un día para el otro porque requiere un tratamiento y que ellas reconozcan su físico. Vos te ves delgada, pero ellas se imaginan de 90 kilos de más.
Ana: Y la anorexia, por ejemplo, si la falta de alimento a largo plazo genera daños en el sistema nervioso.
Bugallo: ...el cardíaco fundamentalmente.
Ana: ¿Genera cambios irreparables en el cerebro?
Bugallo: Primero, es un problema cardíaco. Uno de los síntomas típicos son la falta de mestruación, y después cardíacos. Va a tener una insuficiencia cardíaca que puede provocar trastornos más grandes en el cerebro. Y son anémicas, no ingieren hierro. Una cosa lleva a la otra... Vos tenés anemia que te produce cansancio, el músculo no tiene suficiente oxígeno para moverse, y todo eso lleva a un cansancio físico... Terminan en una cama, no pueden siquiera caminar. A veces muestras chicas sobre delgadas, que las tienen que ayudar a caminar porque el cuerpo no tiene glucosa.
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